El plan parecía sencillo en la pantalla: Río Borosa por la mañana, Cerrada de Elías después de comer, casco antiguo por la tarde. Eso fue antes del problema del café.
Aparcamos abajo, mochilas todavía con olor a la excursión de la semana pasada. Las calles subían de forma que el mapa no avisaba, escalones irregulares, esquinas que no eran esquinas. Encontramos una cafetería. Cerrada. Panadería — lo mismo. El pequeño supermercado con sillas de plástico apiladas fuera… también cerrado cuando volvimos de mirar el castillo. Todos con el mismo cartel de reabrir después de las 17:00.
La ruta en sí está bien, muy bien en algunos tramos. Sombra bajo los árboles, el agua sonando cerca, Rufus parando cada diez pasos para inspeccionar algo que solo él olía. Pasas por pasarelas donde los tablones ceden lo justo para que lo pienses. En un momento me puse a contar los tornillos de una tabla, pero perdí la cuenta porque una lagartija se cruzó delante.
De vuelta en el pueblo, nada se movía. Literalmente nada. La plaza con sillas apiladas contra las paredes, persianas bajadas, un hombre barriendo el mismo metro cuadrado de acera más tiempo del que estuvimos mirando. Nos sentamos en un banco que se inclinaba un poco hacia la izquierda, repartimos las dos últimas galletas y bebimos agua que ya estaba más caliente que un té. Me recordó a encontrar claridad en pausas inesperadas — aunque aquel día no estaba tan sudado.
Cuando empezaron a subir las persianas, fue despacio. Un golpe metálico desde algún callejón, olor a aceite friéndose, voces que habían estado escondidas dentro. La comida — si a las 17:00 se le llama comida — fue cordero a la plancha, pan aún caliente por dentro, ensalada cargada de tomate y aceite de oliva. Para entonces el sol ya daba en la pared del fondo de la plaza y Rufus dormía bajo la mesa.
Si vienes, mira en el sitio oficial del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas para las rutas, pero no cuentes con comer a la hora que crees. Y no te sorprendas si tu mejor recuerdo no es la caminata, sino lo que no pasó entre medias.